sábado, 9 de septiembre de 2017


 Un fragmento del guión de la nueva serie El Reto. Una huida hacia adelante.

Seguimos trabajando!!
Pura vida...






Viendo las rocas pude fijarme, como reflejan un halo de luz de efímera y falsa felicidad,
la cascada que la antecedía, fue preludio de la implosión de mi cuerpo dentro del suyo.
Mi alma negra, se reflejaba en las aguas mansas de la mirada acusatoria de tu quimérica verdad.
 Los demonios se apoderaron de mí y yo de ellos, fusionándonos en la realidad de la elegida oscuridad.
Todo se acaba cuando la esperanza levita fuera de tu ser.
El miedo se apoderó de mí y con él la cobardía y con ella llego la ira, de quien no se reconoce.
Solo veo monstruos en los espejos. La vergüenza del olvido de quién fui, me hace pensar que nunca fui quien me creí,
y ahora que navego a la deriva, sin rumbo, ni timón, con las velas recogidas.
¡Aclamo al viento!, no termine de hundir los despojos que flotan en la superficie del negro océano de mi último tiempo.
Volátil la vida en cuerpo. Cansado de seguir luchando, sin más remedio que sobrevivir,
volví al refugio de mi cobarde soledad. Aceptando que no sé amar y nadie supo amarme.
Nadie me amó creyéndome, confiándome. Nadie me regaló el amor de la libertad, del libre pensamiento y del modo de vivir.
¡Abandono!, en busca del refugio de mi pusilánime cueva de la soledad. Donde el tiempo pasa lento pero no duele. Donde nada es glamuroso, ni especial, ni te adulan, ni nadie te viene a dar.
Donde no hay magia, ni hadas, ni hermosas brujitas que se mean en el
zaguán.
Pero nada duele porque nada existe, solo el tiempo que deja de serlo, porque ya no es importante.
Permítanme mis ángeles o demonios que me guardan mi dignidad, que más daño no me pueda procesar.
Permítanme esconderme donde nadie me ve; ni me molesten, ni yo pueda molestar.
Déjenme marchar al menos, como el guerrero que un día fui, para que pueda llorar en mi destierro, donde los elefantes deciden descansar.

A quien lo intentó. Aunque no lo consiguiera, sé que es amor. No siempre supe valorar lo que no viene de la pura verdad.
¿A quién le importa la verdad?… Imbécil de mí, nadie paga precios más alto que quien la defiende.  
Ya mi cuerpo no me atiende, ya busco tus ojitos de olivar verde.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Villalute. Capítulo II.






Posó el matorral de romero en una maceta de arcilla. La lluvia apretó su fuerza y con ella, la llama del corazón del niño guerrero, la rabia de la culpa se transformó. La tierra comenzó a enfangarse y los pasos eran pesados, los pies se hundían en el barro como si la naturaleza le incitase a elegir en un instante, si vivir o morir, llorar o reír, despertar o dormir.
Se despojó de su ropaje, también de su traje y por un momento se salió de él. Corrió, corrió desnudo, como un caballo que sin miedo a la tormenta galopa bailando su crines al viento, fundiéndose alborozado con los cuatro elementos.

Al parar la tormenta se tumbó mirando al cielo las nubes pasar. La calma absoluta la rompía el caer de las las últimas gotas, que resbalaban por las hojas del olivar. Las nubes se disipaban y las voces se oían lejanas aunque perceptibles...

Siempre pensaste que naciste para ser libre,
yo insistía en la utopía de la libertad.
Me equivoqué, aunque vos también.
Eres insubordinado como el agua, que nada para su camino.
Pero ese mundo en el cual vives, de obtusos humanos,
siempre cambia los destinos. Tiene miedo, es cobarde,
traidor y despechado; no se sabe equivocar,
destruye sin más sentido, que el que mata por matar.
Es verdad es tu destino, ese, de la libertad.
Pero el ser libre tiene un precio, ¿Lo estás dispuesto a pagar?
Si es así, lo podrás ser … ¿Pero es libre el que tributa?
o ¿es quimera el autónomo albedrío?
Sé que eres tú padre quien me habla. Pero, ¿es mi locura quien te oye? o ¿es verdad que tu alma me acompaña, me cuida, me vigila, me protege y me da calma?
No lo sé, ¿tú que crees?
¿No eres tú quien siempre decía que la verdad es la que te puedas demostrar?
Cada te quiero huele a una flor.
Los te quiero tristes huelen a crisantemo,
A margarita la tristeza del amor
Los alegres son claveles,
Ardiente la flor de la pasión;
magnolia la melancolía y las rosas…
¡Ay! las rosas; dependen de su color.
¿Qué tiene que ver esto, padre, con esta conversación?
¿A que ya no estás melancólico por conversar con mi fantasma?
¿A que ya no tienes miedo por saber si es locura lo que ves?
Sabes lo que jode a mi persona que me respondan con una pregunta, y me haces dos, pero no sé porqué no me importuna. Aunque ¿por qué entonces, vuelvo a tener las manos arrugadas y mi cara se refleja madura en el cristal?
Tú borraste las arrugas, vos las volviste a arrugar y tú solo te respondes…
Serás libre cuando creas, cuando creas de nuevo que puedes volar.
Continuará…

Julio Valverde

lunes, 24 de octubre de 2016





Dejó que el agua cayera sobre su cara.
Caminó por las tierras donde creció y acompañaba a su padre en la recolección. Los olivos dejaban entrever a Villalute, la casa sin terminar, como así la llamaban los vecinos de las fincas aledañas. Una casa grande de una sola planta con una mezcla de olores a madera, lavanda y cisco. En la chimenea siempre anidaban golondrinas y alrededor, cerca de los árboles frutales, merodeaban los mirlos cuando la fruta estaba madura.
Al caer una gota de agua de lluvia sobre su espalda, el tiempo se detuvo y comenzaron a derramarse palabras dentro de su mente, como si de una tormenta se tratase. Sin saber cómo, se miró sus manos y ya no estaban arrugadas; decidió asomarse a un charco de agua, su cara era de un niño. Las voces de su cerebro le decían:
Ven niño ven…
Vuelve a creer que puedes volar
Haz que se olvide el miedo con tus sueños,
derrama unas gotas de tinta sobre la mar.
Y recuerda…
¡Ya sé que ya no imaginas!
Ven y abre la puerta de la esperanza.
Dejaste que el dolor cambiase el camino.
No más golpes de gracia al alma pura.
Sin saber porqué, agarró una gruesa mata de romero que rodeaba al árbol donde yace enterrado su padre. Las raíces ocultas en una masa deforme de tierra mojada se apelmazaban dejando asomar finos flecos de raicillas blancas, negras y moradas.
Las voces volvían a sonar…
Siembra niño romero que está abonado con mi cuerpo.
Coge con tu manos esta tierra mojada de mi alma.
Vuelve a correr bajo la lluvia con tu cuerpo desnudo
Para que el agua moje tus miedos y tus risas agudas vuelvan a sonar.
Nos temas mi niño, deja que salga la llama de ese corazón guerrero.
Continuará...

martes, 8 de marzo de 2016

Caminante guerrero.


Caminante, camina orgulloso, incesante;
sin dolor, sin inquina, sin indulto, ni temor.
Bautiza ajeno a ti, la lucha en el honor.
No temas viajero, las letras no mueren.

Al derramar la tinta grana sobre su viejo traje,
bajó la cabeza, clavó su rodilla en la tierra mojada.
Escrutó los campos de otros mundos mundanos;
inquiriendo que la aguas turbias se despejaran;
rozó su piel, agarró el guerrero con fuerza su mano.

Transmutó el éxodo del sendero blanco y se sentó;
se sentó en su círculo advirtiendo la luna preñada.
Y volaron; volaron los peces sobre el nuevo astro.
La cinta del pelo, el vestido azul, el caballo grande,
entonando sus voces quebradas  al compás del aire.

Caminante, camina orgulloso, incesante;
sin dolor, sin inquina, sin indulto, ni temor.
Bautiza ajeno a ti, la lucha en el honor.
No temas viajero, las letras no mueren.

jueves, 28 de enero de 2016

El tiempo. ¡Ay!, el tiempo…
Que a veces se para, que a veces se acaba, sin adiós ni aviso.
Que hay veces que corre casi como el viento.
A veces se olvida, a veces resuena.
A veces  consciente, a veces quimeras.

Serpentea el cauce del río que empuja el agua y busca la mar,
mas, verdes los juncos que arrodilla el viento parecen vencerse;
retornan mirando de nuevo al lugar donde siempre quisieron mirar.
La llama candente del alma mantiene el rescoldo del niño valiente;
sabedor que al desconocer, conoce y al aprender desaprende,
vino a arrancarse de su corazón  el miedo que el amor provoca,
 y al sonar el arpa de su mente loca, le puso barrotes a la realidad.

viernes, 15 de mayo de 2015

Sevilla, Andalucia, España de 2015


Señores feudales de estos tiempos,
que ahogáis a mi pueblo y quemáis el conocimiento.
Ediles de rediles castrados de pensamientos,
tiranos y verdugos de la libertad, falsos patriotas.
Dais destierro a nuestros jóvenes guerreros
ondeando banderas, mientras llora el obrero,
encorvando a tus ancianos, con falsa dignidad.

Soledad, el asedio que nos das.
Soledad no consentida; ¡gritad!

Mas no dudéis que volverán;
volverán a estas tierras saqueadas.
Se alzarán las manos, sin más armas
que una rama de romero, la verdad,
el ayuno impuesto y el hambre de libertad. 

Y cuando rompamos el yugo de tu cuello
que impide los sueños y mata el ingenio,
volverán las luces a iluminar
los campos yermos de mi tierra,
 que robasteis sin piedad.

sábado, 21 de febrero de 2015

Cuatro elementos


Si siento miedo del silencio,
si ves que la luna quema mi piel,
o crees que me apuñalo por la espalda,
y acaso me traicione mi locura,
o  percibes rebelión de mis demonios.
Cuando veas que mi enemigo soy yo…
Si sientes que destruyo mi esperanza.

Abre el fuego de la rama que posé sobre la mar
de la sombra que con mi magia un día iluminé
Y volando agarrado de tu mano
yo seguí la corriente de ese aire enhiesto  
que te hizo un día soñar
Y si puedes, también,
déjame morir, solo una noche, sobre tu pecho
hasta que la luz de la mañana
vuelva al alma mía reencarnar.

Aunque parezca que me rindo,
dejando que derrame mi pluma
la sangre pusilánime de mi alma
del cansancio lenitivo
que no pude soportar.