lunes, 26 de noviembre de 2018

Ausencia.



Ausencia, como me duele tu ausencia.
¡Historia! y quién escribe la historia.
Incertidumbre que lenta mata,
el no saber dónde estás,
Saber si estás vivo o muerto.
Por no conocer jamás;
ni juicio, ni tumba, ni puerto.


Ausencia, como me duele tu ausencia.
¡Historia! y quién escribe la historia.
La luz que se aleja al final del camino,
con sangre grava las calles de mi destino.
El olor que deja el polvo de la indecencia
de los grises, grilletes de la obediencia,
el dolor obsceno de la insolente paciencia,
que la ignorancia olvidó.

Julio Valverde Lute.

jueves, 8 de noviembre de 2018

¿Dónde estás mi amor?





 

 
La luna preñada tras los hombres de azul.
¡Se llevan mi sol!, que trajinan en ayunas.
Su hermano escondido protege su vida,
Se pierde la luz en el horizonte,
engullendo el ocaso las tripas del alma,
del honor y el aire.
Y me das a cambio, horror y hambre.
Devuélvanme el traje para guardarlo
que la estrellita rubia de mis entrañas
pueda venerarlo.
Déjenme llevarlo a un trocito de tierra
que tengo en el campo.
¿Dónde estás mi amor? que te estamos buscando
Que la luna y el sol trajeron estrellas y estas estrellitas
que ya somos planeta y queremos enterrarlo.
Julio Valverde Lute.

jueves, 25 de octubre de 2018

Yo sueño en flamenco





Se le cayó la vida, se le perdió su alma.
No supo recogerla, la arrastra la corriente
del río de barro; egos, culpas y reproches.
Sin fuerzas, ni talante, mirando al horizonte.
Refugio de soledad y pensamiento.
Que a veces la cura, a veces locura;
que a veces la calma es oscura y otras,
rugen tormentas de ansia impaciente,
a cambio, la paz del inframundo,
de la obsesión que mueve el mundo.
De la divina comedia de la realidad.
En tiempos la gente bailaba al compás.
Y a veces se le olvida la razón
y otras, por tangos te toca el cajón.

Julio Valverde Lute.

miércoles, 25 de julio de 2018

Para mi mamá.


Once y veinte. De su cuello cuelga una cruz.
Corre la brava yeguada y va buscando la luz.
Dos golpes de campana, avisan que el sol cayó.
¡Galopa yegua salvaje! al clamor del carrillón.
¡Vuela hacia el infinito! que el niño ya no se abate.
Aprendió a no relinchar, a saber tratar la culpa,
a no correr desbocado, a estar solo acompañado.
A quererse un poco más y también a galopar.
Le dijeron las más viejas, que así se llega a volar.
¡Galopa yegua bravía! mueve tu crines al viento.
¡Vuela! Presumiendo hasta el Valle Verde,
al lado de la cascada, que allí te esperan al rocío,
donde se forman los lagos del agua pura del río.

Julio Valverde Lute. Salud, pura vida y libertad.
Poema cortito sin título.
Acaricia abatido el niño rebelde,
las flores blanca del valle verde.
En el monte de abruptas rocas
deja descanso a los rayos del sol.
Los campos yermos enrojecen,
calmose el aire, por la hora bruja.
Los viejos duendes se le aparecen
Y se limpia de sangre la armadura.
Arrodillándose y mirando al cielo;
clava su espada plata en el suelo.
Abre ventanas y mira de verdad;
al fuego, al aire, a la tierra y al mar.

Julio Valverde Lute. Salud, pura vida y libertad.

miércoles, 16 de mayo de 2018

La piel que habito

La belleza de la exactitud, muere con la ambigüedad.
Ya no se para el tiempo cuando ve las hojas caer,
y no se estremece cuando llega el amanecer.
Ya no corre riesgos cuando libra sus batallas,
y no le teme a la muerte, tiene miedo por vivir.
Ya no camina seguro, son altos todos los muros;
y no duerme a pierna suelta, ahora sufre por amar.
El “quejío” de su garganta tiembla antes de llorar.
Ya la sangre de su pluma no se derrama al cantar.
sus palabras no son ciencia, son dudas del inframundo,
de lugares de este mundo, que nunca habitó jamás.
Por eso ya no se ubica, por eso ya no se ama,
Y se extraña, se daña y oculto queda su duende;
no sabe de qué depende, pende de un hilo su suerte.
Y aunque no encuentra el camino, no se resigna a volar.
Pone a secar sus alas, las lagrimas de su alma
se resbalan por sus plumas, ya no elevan la mirada.
Y pesado su plumaje que aparente no alza el vuelo
persigue el aire caliente, así asciende sin esfuerzo
no tiene que aletear, alienta así su bailar.
No quiere deberle a Ángela lo que no debe guardar.
Ya; No lo quieras tanto, quiérelo bonito.

Julio Valverde Lute.

viernes, 4 de mayo de 2018

El sur del sur.

En noche de primavera, las nubes grises me ciegan.
Sin estrellas; no hay quien encuentre el camino.
Sin camino; no se encuentra la esperanza y sin ella;
no hay quien encuentre el sentido del sentir por el destino.
La luna negra invade las calles de los amargos naranjos y
secuestra el cantar de la cigarra; me hiere el frío.
Anhelando la arena del sur del sur, las olas de mi albedrío;
el calor de la consciencia que serena me emborracha, 
del libre volar del canto de mi rebelde guitarra, 
que se afina con el aire, que abre mis alas al sol 
y es entonces; cuando no duele el dolor. 
Y es que a veces, se me olvida la razón.

Julio Valverde Lute.