miércoles, 25 de julio de 2018

Para mi mamá.


Once y veinte. De su cuello cuelga una cruz.
Corre la brava yeguada y va buscando la luz.
Dos golpes de campana, avisan que el sol cayó.
¡Galopa yegua salvaje! al clamor del carrillón.
¡Vuela hacia el infinito! que el niño ya no se abate.
Aprendió a no relinchar, a saber tratar la culpa,
a no correr desbocado, a estar solo acompañado.
A quererse un poco más y también a galopar.
Le dijeron las más viejas, que así se llega a volar.
¡Galopa yegua bravía! mueve tu crines al viento.
¡Vuela! Presumiendo hasta el Valle Verde,
al lado de la cascada, que allí te esperan al rocío,
donde se forman los lagos del agua pura del río.

Julio Valverde Lute. Salud, pura vida y libertad.
Poema cortito sin título.
Acaricia abatido el niño rebelde,
las flores blanca del valle verde.
En el monte de abruptas rocas
deja descanso a los rayos del sol.
Los campos yermos enrojecen,
calmose el aire, por la hora bruja.
Los viejos duendes se le aparecen
Y se limpia de sangre la armadura.
Arrodillándose y mirando al cielo;
clava su espada plata en el suelo.
Abre ventanas y mira de verdad;
al fuego, al aire, a la tierra y al mar.

Julio Valverde Lute. Salud, pura vida y libertad.

miércoles, 16 de mayo de 2018

La piel que habito

La belleza de la exactitud, muere con la ambigüedad.
Ya no se para el tiempo cuando ve las hojas caer,
y no se estremece cuando llega el amanecer.
Ya no corre riesgos cuando libra sus batallas,
y no le teme a la muerte, tiene miedo por vivir.
Ya no camina seguro, son altos todos los muros;
y no duerme a pierna suelta, ahora sufre por amar.
El “quejío” de su garganta tiembla antes de llorar.
Ya la sangre de su pluma no se derrama al cantar.
sus palabras no son ciencia, son dudas del inframundo,
de lugares de este mundo, que nunca habitó jamás.
Por eso ya no se ubica, por eso ya no se ama,
Y se extraña, se daña y oculto queda su duende;
no sabe de qué depende, pende de un hilo su suerte.
Y aunque no encuentra el camino, no se resigna a volar.
Pone a secar sus alas, las lagrimas de su alma
se resbalan por sus plumas, ya no elevan la mirada.
Y pesado su plumaje que aparente no alza el vuelo
persigue el aire caliente, así asciende sin esfuerzo
no tiene que aletear, alienta así su bailar.
No quiere deberle a Ángela lo que no debe guardar.
Ya; No lo quieras tanto, quiérelo bonito.

Julio Valverde Lute.

viernes, 4 de mayo de 2018

El sur del sur.

En noche de primavera, las nubes grises me ciegan.
Sin estrellas; no hay quien encuentre el camino.
Sin camino; no se encuentra la esperanza y sin ella;
no hay quien encuentre el sentido del sentir por el destino.
La luna negra invade las calles de los amargos naranjos y
secuestra el cantar de la cigarra; me hiere el frío.
Anhelando la arena del sur del sur, las olas de mi albedrío;
el calor de la consciencia que serena me emborracha, 
del libre volar del canto de mi rebelde guitarra, 
que se afina con el aire, que abre mis alas al sol 
y es entonces; cuando no duele el dolor. 
Y es que a veces, se me olvida la razón.

Julio Valverde Lute.

lunes, 29 de enero de 2018

Canis Lupus



Hay una loba especial en la valiente manada.
Todas miran hacia el cielo y ella además al terreno.
Oye el silencio en la noche y protege a la camada.
Siente el aire en su pelaje, huele el peligro y la presa;
es la que aúlla a la luna cuando se siente asediada.

Después de la gran nevada oculta quedó la cueva.
Aunque el hielo ya caído, el arroyo, empero, suena.
Hoy no es el día; mañana. Que resuenan las campanas,
que se me clavan puñales, cuando resbalan las gotas
que el deshielo trae saladas, porque llorando la luna,
le dijo adiós a Granada…

Julio Valverde Lute





viernes, 17 de noviembre de 2017

Noviembre


Las noches frías de noviembre, dejan salir los demonios.
Se ven en el monte alto, en la madrugada de la luna nueva.
Embisten sin compasión a corazones debilitados.
En guerra consigo mismo, a la soledad atados,
que se ven en el abismo y ya no pueden soñar.
Observa el búho en el olivo, se oculta para cazar
y para no ser cazado, que es un mundo despiadado,
no se puede relegar.
Canta el cautivo en gritos ocultos por la libertad,
vuela cerca la esperanza y alarga su mano.
Combate, lucha, pelea y no la llega a alcanzar.
El rocío de la mañana que moja sus pies desnudos,
lo alimenta, lo protege, mientras el sol ennoblece
se calienta con la hoguera y no deja que se apague
que no se arrimen las fieras.

Julio Valverde Lute

sábado, 9 de septiembre de 2017


 Un fragmento del guión de la nueva serie El Reto. Una huida hacia adelante.

Seguimos trabajando!!
Pura vida...






Viendo las rocas pude fijarme, como reflejan un halo de luz de efímera y falsa felicidad,
la cascada que la antecedía, fue preludio de la implosión de mi cuerpo dentro del suyo.
Mi alma negra, se reflejaba en las aguas mansas de la mirada acusatoria de tu quimérica verdad.
 Los demonios se apoderaron de mí y yo de ellos, fusionándonos en la realidad de la elegida oscuridad.
Todo se acaba cuando la esperanza levita fuera de tu ser.
El miedo se apoderó de mí y con él la cobardía y con ella llego la ira, de quien no se reconoce.
Solo veo monstruos en los espejos. La vergüenza del olvido de quién fui, me hace pensar que nunca fui quien me creí,
y ahora que navego a la deriva, sin rumbo, ni timón, con las velas recogidas.
¡Aclamo al viento!, no termine de hundir los despojos que flotan en la superficie del negro océano de mi último tiempo.
Volátil la vida en cuerpo. Cansado de seguir luchando, sin más remedio que sobrevivir,
volví al refugio de mi cobarde soledad. Aceptando que no sé amar y nadie supo amarme.
Nadie me amó creyéndome, confiándome. Nadie me regaló el amor de la libertad, del libre pensamiento y del modo de vivir.
¡Abandono!, en busca del refugio de mi pusilánime cueva de la soledad. Donde el tiempo pasa lento pero no duele. Donde nada es glamuroso, ni especial, ni te adulan, ni nadie te viene a dar.
Donde no hay magia, ni hadas, ni hermosas brujitas que se mean en el
zaguán.
Pero nada duele porque nada existe, solo el tiempo que deja de serlo, porque ya no es importante.
Permítanme mis ángeles o demonios que me guardan mi dignidad, que más daño no me pueda procesar.
Permítanme esconderme donde nadie me ve; ni me molesten, ni yo pueda molestar.
Déjenme marchar al menos, como el guerrero que un día fui, para que pueda llorar en mi destierro, donde los elefantes deciden descansar.

A quien lo intentó. Aunque no lo consiguiera, sé que es amor. No siempre supe valorar lo que no viene de la pura verdad.
¿A quién le importa la verdad?… Imbécil de mí, nadie paga precios más alto que quien la defiende.  
Ya mi cuerpo no me atiende, ya busco tus ojitos de olivar verde.